Para reconocer el verdadero carácter de una persona sólo hace falta fijarse en estas dos cosas.

Nos pasamos la vida intentando interpretar a la gente: descifrando palabras, sopesando promesas, buscando la sinceridad. Sin embargo, según Carl Jung, el psiquiatra suizo pionero y fundador de la psicología analítica, la comprensión profunda no requiere años de experiencia ni pericia. Simplemente requiere atención plena durante dos instantes de descuido.
Jung creía que el carácter no se revela en representaciones teatrales o momentos de alegría, sino en las decisiones tranquilas que se toman cuando no hay recompensa ni público mirando.

La primera ventana: Cómo tratan a los que no tienen poder

Observe cómo interactúa alguien con el barista, el personal de limpieza, el repartidor, con personas cuyas posiciones no tienen relevancia social. ¿Les ofrece contacto visual, un sincero "gracias", paciencia y amabilidad? ¿O impaciencia, ignorancia o condescendencia?
No se trata de la cortesía como espectáculo, sino de  la empatía como sentimiento instintivo . La amabilidad que se espera sin esperar nada a cambio demuestra una integridad profundamente arraigada. El comportamiento desdeñoso no revela superioridad, sino una fragilidad que solo encuentra seguridad en la jerarquía.
Como observó Jung:  “La medida de un alma no se encuentra en cómo trata a sus iguales, sino en cómo honra lo invisible”.

La segunda ventana: Cómo afrontar la frustración

 

 

 

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