Una sociedad que se olvida de honrar a las personas que mantienen las luces encendidas, reparan los motores, vierten el hormigón y sueldan las vigas corre el riesgo de derrumbarse bajo su propia arrogancia.
Si usted es padre, mida el futuro de su hijo por algo más que el prestigio.
Medir la resiliencia.
Habilidad.
Integridad.
La capacidad de crear valor de forma tangible.
Porque cuando la tormenta llega a las dos de la mañana y se apagan las luces...
El mundo no funciona con aplausos.
Funciona con manos dispuestas a ensuciarse.
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