Mi hija me ha prohibido ver a mi nieto.

Unas semanas después, sonó mi teléfono. Camille lloraba. Tras esa fachada perfecta, la realidad era mucho más dura: cansancio, soledad, tensión.
No la culpé. La escuché.
Simplemente le dije:
«Aquí hay una cama. Y una madre que nunca ha dejado de amarte».
Unos días después, llegó con su bebé, dos maletas y muchas dudas.
La abracé.
Reconstruir, juntos

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