Tres años después de aquella noche extraordinaria, Karine recibe una invitación especial.
El cumpleaños de Lucie y Renée.
En la casa familiar decorada con globos, las dos niñas pequeñas corren riendo por la sala de estar, de la mano.
Casi nunca se separan.
Didier, su padre, alza su copa para agradecer a la enfermera que demostró tanta humanidad aquella noche.
Pero Karine simplemente responde que siguió su instinto.
Porque a veces, en los momentos más delicados de la vida, un simple gesto puede crear un milagro médico inesperado .
Y en esta historia, todo comenzó con el roce de una manita… que nunca quiso soltar a la otra.
