La niña observó el uniforme con atención, sollozando.
"¿De verdad eres policía?", preguntó entre lágrimas.
—Sí —sonrió amablemente—. ¿Ves mi uniforme? Así lo sabes.
Ella asintió, respiró temblorosamente y susurró:
“Yo… yo cometí un cri:men”.
El oficial mantuvo la voz tranquila. «De acuerdo. Puede decírmelo. Estoy escuchando».
Le temblaba el labio. "¿Me meterás en la cárcel?"
—Depende —dijo en voz baja—. ¿Qué pasó?
Ella rompió a llorar y las palabras salieron entre sollozos.
Le di un golpe muy fuerte a mi hermano en la pierna. Ahora tiene un moretón. Y va a morir. No fue mi intención. Por favor, no me metan en la cárcel...
Por un breve instante, el oficial se quedó paralizado, luego su expresión se suavizó. La abrazó con ternura.
