Hay frases que nunca se olvidan. Esas que parecen dichas con calma, casi con amabilidad... pero que dejan una huella imborrable. Cuando Mathieu me dijo que no me esperaban para Navidad, no protesté. No intenté discutir. Simplemente sonreí, asentí y me fui a casa.
El momento en el que todo se detiene, sin fanfarrias

Estaba sentada en su sala, rodeada de objetos que conocía de memoria. Muebles elegidos juntos, mejoras financiadas "temporalmente", recuerdos silenciosos. Cuando dijo esas palabras, su mirada se desvió. Hablaba de "sencillez", de "tradiciones", de lo que sería más cómodo para todos.
¿Más cómodo para quién, exactamente?
No pregunté.
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