Era un informe médico. De hacía varios meses. En blanco y negro: salud satisfactoria. Pronóstico favorable. Ni una palabra sobre una enfermedad mortal.
Cerca había otro documento: un contrato con un abogado. En caso de nacimiento de un hijo, todos los bienes pasarían al heredero. Si no había hijos, el matrimonio se anularía en el plazo de un año, dejándola sin nada.
Según se supo más tarde, un pariente rico suyo había muerto y le había dejado todos sus bienes, pero con una condición: debía convertirse en padre en el plazo de un año.
La utilizaron, le mintieron, explotaron su compasión y luego la echaron a la calle como una posesión no deseada.
