Sentí una mezcla de rabia, tristeza y una claridad que jamás había tenido.
“¿Por eso querías encontrarme?”
“No”, dijo él, mirándome con intensidad. "Quería encontrarte porque tu madre me pidió que cuidara de ti si algo salía mal. Y esto... ya ha ido demasiado lejos".
Respiré hondo.
“¿Qué quieres que haga?”
Alejandro se levantó. "Quiero que vengas a la junta directiva mañana. Quiero que reclames tu lugar. Y quiero que prepares tu corazón, porque cuando Victoria se entere... no se quedará quieta".
Miré el sobre, las firmas, la prueba irrefutable.
De pronto entendí.
La humillación pública, el rechazo sistemático, las invitaciones que nunca llegaban…
Victoria nunca quiso que yo recordara que era parte de esta familia.
Porque yo era una amenaza para su imperio personal.
"Diego", dijo Alejandro suavemente, "esta es tu oportunidad. Tu vida puede cambiar. La pregunta es: ¿estás listo para enfrentarte a ella?"
Tragué saliva, sintiendo algo nuevo encenderse dentro de mí.
“No solo estoy listo”, respondió. “Lo estaba esperando.”
Pero lo que no sabía era que Victoria tenía preparada una jugada final.
Una que podía destruirlo todo.
La mañana de la junta amaneció gris y fría, como si Madrid quisiera advertirme de lo que estaba por venir. Aun así, me levanté temprano, traje oscuro, documentos en la mano. Alejandro pasó a recogerme a las ocho.
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