¿Lo he perdonado por completo? No todos los días. Algunas mañanas, la ira regresa. Otras, recuerdo sus manos torpes, sus palabras tranquilizadoras, su silenciosa constancia. Y me doy cuenta de que el perdón no es un momento específico, sino un proceso gradual, a veces imperceptible, que se desarrolla a su propio ritmo.
Porque más allá de los errores y los secretos, me transmitió una cosa esencial: la capacidad de seguir viviendo.
