Esta decisión, cuidadosamente meditada, no fue una reacción impulsiva. Fue la culminación de meses de dolor silencioso y decepciones acumuladas. Para mí, la confianza no se mide por las pruebas, sino por cómo nos apoyamos mutuamente cuando realmente importa.
A veces, irse no es un fracaso. Es una decisión lúcida y valiente para respetarse a uno mismo y preservar el equilibrio familiar.
