En cambio, un policía uniformado estaba junto al administrador del apartamento, con un portapapeles bajo el brazo.
"¿Derek Hale?" preguntó el agente.
“Sí, ¿qué pasa?”
“Soy el agente Patel. Recibimos un informe de Olivia Hale sobre una entrada no autorizada y un robo. Presentó un vídeo y documentación. ¿Saben de alguien que haya entrado hoy al apartamento sin su consentimiento?”
A Derek se le hizo un nudo en la garganta. Su mirada se dirigió a la bolsa de pruebas que tenía detrás.
“Era mi madre”, dijo en voz baja. “Ella… tiene una llave”.
“¿Su esposa consiente en que ella tenga esa llave?”, preguntó el agente Patel.
Derek dudó.
El gerente se aclaró la garganta. “Olivia también pidió que se cambiaran las cerraduras. Ya pagó”.
La habitación pareció reducirse. Derek estaba acostumbrado al caos ruidoso: gritos, portazos. Esto era diferente. Esto era silencioso, oficial, irreversible. Al papeleo no le importaba lo enfadado que estuvieras.
La voz de Marjorie resonó en el teléfono. “¿Qué pasa? ¡Derek, arregla esto!”
Derek volvió a mirar la solicitud de divorcio. No era una amenaza. Archivada. Avanzando.
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