Lenie (95) tiene tres hijos, pero ya nadie la visita. Lee el resto en los comentarios. He escrito los detalles abajo.

El invierno pasado, las cosas se complicaron cuando Lenie se resbaló en su jardín. Nadie en la tranquila calle notó nada durante mucho tiempo. No fue hasta una hora y media después que Desiree la vio allí tendida e intervino de inmediato.
Desde entonces, se reúnen con regularidad. Varias veces a la semana, toman té y charlan. Para Lenie, estos encuentros lo son todo. "Entonces les cuento lo que vi", dice. "Un carbonero común, una urraca, dos niños que pasaban. Ese es mi mundo".
Atención que llega al corazón.
La historia de Lenie se quedó grabada en la memoria de Desiree. Sintió que su vecina merecía atención y contactó con Omroep West. El reportero Johan se acercó, no solo con pequeños regalos, sino sobre todo con su tiempo e interés genuino.
Lenie reaccionó con sorpresa y visiblemente conmovida. "Recibir un regalo siempre es un placer", dice con una sonrisa, mientras lo analiza todo con calma. En la conversación, habla abiertamente de su vida. A pesar de su avanzada edad, se encuentra bien y se ve cuidada y lúcida. Pero cuando le preguntan si es feliz, hay un breve silencio. "No siempre", responde con sinceridad. "Estoy sola demasiado a menudo".
Un rayo de sol en días oscuros.
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