La lucha silenciosa: cómo aprendí a escuchar lo no dicho

Cuando por fin salió, me acurruqué a su lado y la abracé. Sentí su tristeza y su rabia. En ese momento, Maya me abrió su corazón y me contó todo sobre el abuso que estaba sufriendo.

Una lección sobre cómo escuchar de verdad

Aprendí a escuchar, no solo a oír. Los niños suelen ocultar sus verdaderos sentimientos por miedo a herirnos y decepcionarnos. Para que Maya se abriera, necesitaba crear un espacio de comunicación auténtica.

Conclusión

Tras esta revelación, nuestras conversaciones se profundizaron y nuestros vínculos se fortalecieron. Maya ya no necesitaba encerrarse en el baño para sentirse segura. Como madre, comprendí que mi deber era ser su refugio, escucharla y apoyarla. Esta lección fue dura, pero me enseñó a prestar siempre atención al silencio y a lo que no se dice. Una puerta abierta a la comunicación es la clave para la comprensión y el amor en la familia.

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