La llamaron estéril, la humillaron en público y la rechazó hasta su propia familia. Pero cuando un guerrero apache llegó herido a su pueblo, nadie imaginó que él despertaría la vida que todos creían muerta en su vientre….

Esa paloma herrera se ve diferente últimamente”, comentaba doña Beatriz en la panadería con el tono venenoso de alguien que disfruta sembrar discordia. “Una mujer estéril no debería brillar así, a menos que esté pasando algo indecente en esa casa.” Los comentarios llegaron a oídos de don Fernando, quien no había perdido completamente su sentido de posesión sobre la mujer que una vez había sido su esposa.

Su orgullo masculino se sintió amenazado por la idea de que Paloma pudiera estar encontrando felicidad con otro hombre, especialmente un salvaje apache. Una tarde de diciembre, cuando el aire frío anunciaba la llegada del invierno, Fernando apareció en la puerta de paloma acompañado por dos hombres del pueblo. Su rostro mostraba una furia apenas contenida que hizo que el estómago de ella se encogiera de miedo.

Paloma dijo con voz peligrosamente controlada. Hemos venido a verificar que estés cumpliendo apropiadamente con tus responsabilidades hacia el prisionero. Han llegado a nuestros oídos rumores preocupantes. Aana apareció desde la parte trasera de la casa llevando un fardo de leña. Su presencia inmediatamente tensó la atmósfera, como dos depredadores evaluándose mutuamente.

Aunque las cadenas habían sido removidas semanas atrás como recompensa por su buen comportamiento, era obvio que seguía siendo visto como una amenaza. ¿Qué clase de rumores? Preguntó Paloma, levantando la barbilla con una valentía que no sentía completamente.

Rumores de que has olvidado cuál es tu lugar, replicó Fernando mirando significativamente hacia Ayana. Rumores de que estás permitiendo que este salvaje te corrompa en lugar de civilizarlo tú a él. La palabra salvaje resonó en el aire como una bofetada. Paloma sintió una furia tan intensa que la sorprendió con su ferocidad. Durante años había aceptado los insultos dirigidos hacia ella, pero escuchar a Fernando hablar de Aana con tanto desprecio, despertó una fiereza protectora que no sabía que poseía.

Ayana no es un salvaje”, declaró con voz clara y firme. “Es un hombre de honor, inteligencia y sabiduría que vale más que todos los hombres civilizados de este pueblo juntos.” El silencio que siguió fue tan profundo que se podía escuchar el viento susurrando entre los árboles. Fernando la miró como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar, mientras los otros hombres intercambiaban miradas de shock y disgusto. “Has perdido completamente la razón. murmuró Fernando.

 

Pero había algo más que sorpresa en su voz. Había miedo. Miedo de una mujer que ya no se inclinaba ante su autoridad, que había encontrado algo que la hacía más fuerte que todas sus amenazas. He encontrado la razón por primera vez en mi vida”, replicó Paloma acercándose instintivamente hacia Ayana.

He encontrado a alguien que me ve como una mujer completa, no como una posesión defectuosa. La confrontación podría haber escalado a algo peor, pero Aana intervino con la sabiduría de alguien que había navegado situaciones peligrosas toda su vida. “Señores, dijo con voz calmada pero firme, no hay nada inapropiado aquí.

Paloma me ha enseñado las costumbres mexicanas y yo le he enseñado algunas de las medicinas de mi pueblo. Si eso los ofende, pueden llevarme de vuelta a la prisión. Pero no permitiré que hablen mal de una mujer que ha mostrado más honor y compasión que cualquier otro mexicano que haya conocido. Sus palabras, dichas con tal dignidad y convicción, parecieron desarmar momentáneamente a los visitantes. Fernando miró entre Paloma y Aana.

sus ojos entrecerrándose como si estuviera calculando su próximo movimiento. “Esto no ha terminado”, declaró finalmente, gesticulando a los otros hombres para que lo siguieran. “El pueblo no tolerará que una de nuestras mujeres se rebaje a tal punto. Habrá consecuencias.

” Cuando se marcharon dejando amenazas flotando en el aire como humo tóxico, Paloma y Aana se quedaron solos con la realización de que su tiempo se estaba agotando. El amor que habían encontrado era demasiado poderoso para permanecer oculto, pero también demasiado peligroso para ser tolerado por una sociedad que veía cualquier desafío a sus normas como una amenaza que debía ser eliminada. Esa noche, mientras se abrazaban bajo las estrellas que habían sido testigos silenciosas de su amor floresciente, ambos sabían que pronto tendrían que tomar una decisión que cambiaría sus vidas para siempre, someterse a las

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.