La boda nunca se celebró. Sandrine, llena de gracia, compartió un mensaje conmovedor y discreto en redes sociales.
Alexandre, por su parte, optó por lo improbable: meriendas caseras, abrazos nocturnos, reencuentros tímidos con Lila. En un hogar donde la alegría reside en las pequeñas cosas , al abrigo de miradas indiscretas y convencionalismos.
¿Y si la mayor riqueza fuesen esas miradas de niño que te elevan al rango de héroe?
