Bajo las luces frías del consultorio, Camila Rodríguez, de 38 semanas de embarazo, se recostó en la camilla para su último control prenatal. Había llegado con ilusión, pensando que sería la última revisión antes de dar la bienvenida a su hija.
El doctor Andrés Morales, su obstetra de confianza, revisaba la ecografía con un gesto inusual. Sus manos temblaban y su voz, normalmente tranquila, se quebró cuando le dijo:
—Camila… necesitas irte de aquí y mantenerte lejos de tu esposo.
Ella se quedó helada. Su esposo, Martín, siempre había parecido atento y cariñoso. ¿Cómo podía ser que el médico le advirtiera algo tan grave?
Antes de marcharse, el doctor le entregó un papel doblado con tres palabras que la estremecieron: “Confía en lo que sabes.”
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