Horas después, exhaló su último aliento.
Una mañana tranquila y libertad
Al amanecer, Elena estaba junto a la ventana mientras la ciudad cobraba vida lentamente.
No había dolor ni ira, solo paz.
Abrió su pequeño cuaderno y escribió:
Luego guardó la nota en su abrigo y salió al fresco aire de la mañana. Por primera vez en doce años, sintió que algo se agitaba en su interior, algo ligero, casi olvidado.
Era libertad.
Y al salir a la luz del sol, Elena Ramírez, la mujer que una vez vivió en silencio, finalmente comenzó a vivir de nuevo.
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