La pregunta le atravesó el corazón a Alex. Miró a Sofía, quien le dirigió una mirada de advertencia. "No, cariño", dijo Sofía con dulzura. "Alex no es astronauta. Solo es un amigo".
Alex sintió una oleada de vergüenza y una voluntad de hierro. No podía ser el astronauta imaginario, pero sí el verdadero padre.
Durante las siguientes semanas, Alex se dedicó a corregir sus errores con una intensidad que rivalizaba con la dedicación que había demostrado al construir su imperio. Su primera medida fue despedir a Richard Sterling y a todo su equipo legal, iniciando una investigación interna que reveló varias prácticas cuestionables que Sterling había llevado a cabo en su nombre. Alex se disculpó personalmente con Miguel, el hermano de Sofía, y lo indemnizó por el acoso legal.
Pero lo más importante fue su acercamiento a Daniel. Comenzó con visitas breves, bajo la atenta mirada de Sofía. Le leía cuentos, jugaban con carritos en el suelo de la sala de Sofía, y poco a poco, Daniel empezó a verlo como un "amigo especial" de su madre. Alex no intentó de inmediato usurpar la historia del astronauta. Quería ganarse la confianza de su hijo, no imponer su voluntad.
Sofía, aunque aún cautelosa, empezó a ver un cambio genuino en Alex. Ya no era el adicto al trabajo que la había abandonado. Era un hombre en busca de redención, que se inclinaba para atarle los cordones a Daniel, que escuchaba pacientemente sus historias de la guardería, que incluso la ayudaba a limpiar la cocina después de cenar.
Un día, después de un mes de visitas constantes, Alex le pidió a Sofía que le dejara contarle la verdad a Daniel.
No quiero que crezca con una mentira, Sofía. Y no quiero que descubra la verdad por accidente. Quiero ser yo quien se la diga, contigo a mi lado.
Sofía dudó, pero vio la sinceridad en sus ojos. "De acuerdo, Alex. Pero si le vuelves a hacer daño... no hay vuelta atrás".
Esa tarde, los tres sentados en el sofá, Alex tomó la mano de Daniel. "Campeón", empezó con voz temblorosa, "¿recuerdas cuando mamá te dijo que tu papá era astronauta en una misión muy larga?". Daniel asintió, con los ojos abiertos y expectantes. "Bueno, la verdad es que... tu papá no es astronauta. Tu papá soy yo".
Los ojos de Daniel se abrieron aún más y, con la lógica de un niño, preguntó: «Entonces, ¿por qué no estabas conmigo? ¿Por qué no viniste a mi fiesta de cumpleaños?».
Alex sintió un nudo en la garganta. «Tu papá cometió un gran error, Daniel. Estaba tan confundido y asustado cuando eras un bebé, y no sabía cómo ser el padre que necesitabas. Me fui, y eso fue lo peor que pude haber hecho. Pero he vuelto y quiero ser el mejor padre del mundo para ti. Si me das una oportunidad».
Daniel miró a Sofía, quien le sonrió con lágrimas en los ojos. Luego miró a Alex y, con una inocencia cautivadora, se arrojó a sus brazos. "¡Eres mi papá!", exclamó, el final de la historia del astronauta y el comienzo de una nueva realidad.
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