Después de 7 años de divorcio, encontró a su exesposa trabajando como limpiadora, mirando en silencio un vestido de un millón de dólares detrás del escaparate.

Antes de que pudiera reaccionar, Camila le soltó el brazo bruscamente.

¿No se suponía que eras vicepresidente? ¿Fue todo mentira?

Ella se giró y se fue, sus tacones haciendo clic como golpes de martillo en el orgullo destrozado de Alejandro.

Mariana pasó junto a él.

Ella no lo miró.

Sólo dejó una frase flotando en el aire, suave como el viento:

“Gracias… por dejarme ir ese día.”

Alejandro permaneció inmóvil en medio del vestíbulo, rodeado de lujo, destellos y susurros, atrapado en una realidad que nunca imaginó que enfrentaría.

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