Nunca se sabe realmente el impacto de un acto de bondad. Una sonrisa, una puerta abierta, un plato de sopa caliente pueden ser el punto de partida de un nuevo capítulo para alguien... y a veces, la vida encuentra una manera inesperada de recordárnoslo.
La bondad nunca desaparece: espera su momento y vuelve a llamar suavemente a la puerta cuando menos lo esperamos.
