
Nos sentamos a la mesa de la cocina, un símbolo silencioso de todo lo que el tiempo puede fortalecer. Me contó su vida: trabajos esporádicos, estudios realizados con una determinación inquebrantable, reveses superados uno a uno. Luego me entregó una carpeta gruesa.
Dentro había documentos oficiales. Una pequeña casa, totalmente pagada, a mi nombre. Y eso no era todo. Un fondo de apoyo a la formación, creado para ayudar a personas que atraviesan momentos difíciles, también llevaba mi nombre.
Me quedé sin palabras. Para mí, simplemente había abierto una puerta. Para él, ese gesto lo cambió todo.
Lo que nos recuerda esta historia
️
️ continúa en la página siguiente
️
️
